Vino Natural

Variedades autóctonas del Mediterráneo: las uvas que el mercado olvidó

Durante décadas el mercado vitícola premió lo que era reconocible. Cabernet Sauvignon, Merlot, Chardonnay. Variedades que cualquier comprador en cualquier país podía identificar. El resultado fue una homogeneización brutal: viñedos de toda España plantados con variedades que no tenían nada que ver con el territorio.

Mientras eso ocurría, cepas con dos mil años de historia en el Mediterráneo casi desaparecieron. Algunos viticultores llevan décadas recuperándolas. Los que trabajan en la línea del vino natural, casi sin excepción, son quienes más han apostado por ellas.

Xarel·lo: más que el cava que conoces

El Xarel·lo es la variedad blanca más característica del Alt Penedès. La mayoría de la gente la ha probado dentro del cava, donde cumple un papel estructural — aporta acidez y cuerpo — pero raramente brilla por sí sola.

Cuando un productor trabaja el Xarel·lo con mínima intervención, la cosa cambia. Aparece algo que no esperabas: notas de manzana verde, hierbas, a veces una salinidad mineral que recuerda al Atlántico. Clot de les Soleres lo trabaja en solitario desde Piera; Sans Domaine lo usa como columna vertebral de sus blancos en el Alt Penedès. En manos de gente que lo cuida, el Xarel·lo puede ser una de las variedades blancas más interesantes de la Península.

Garnatxa negra y peluda: la misma familia, mundos distintos

La Garnacha Tinta es una de las variedades más plantadas del mundo. Pero cuando hablamos de Garnatxa al Penedès o al Priorat, estamos hablando de clones muy diferentes a los que se usan en el Ródano o en Navarra. La Garnatxa Peluda — con hojas pubescentes, de donde viene el nombre — es propia del litoral catalán y resiste especialmente bien la sequía y el viento.

En vino natural, la Garnatxa negra da tintos con cuerpo pero sin la pesadez que a veces se asocia a la variedad: más fresca, más expresiva en nariz, con taninos que no abruman.

Carinyena: de cepa desacreditada a protagonista

La Cariñena (Carignan en Francia, Carinyena en catalán) tuvo mala prensa durante años. Era la variedad que producía vino a granel, rendimientos enormes, poca personalidad. Lo que nadie contaba es que en viñas viejas, con rendimientos bajos y en manos de alguien que sabe lo que hace, la Carinyena puede ser extraordinaria.

En el Empordà y el Priorat hay viñas de Carinyena de más de 80 años. Esos vinos tienen una profundidad que no se puede fabricar con cepa joven.

Malvasia de Sitges: casi extinta, en recuperación

La Malvasia de Sitges es un caso extremo: una variedad que en los años 90 estaba a punto de desaparecer. Quedaban unas pocas viñas en el entorno de Sitges, mantenidas por unos pocos productores. Clot de les Soleres tiene una de las pocas referencias disponibles: un blanco de 2019, 100% Malvasia, que muestra exactamente por qué valía la pena salvarla.

Por qué importa más allá del vino

La biodiversidad vitícola no es solo una cuestión gastronómica. Las variedades autóctonas están adaptadas al territorio: resisten mejor las plagas locales, se adaptan mejor al régimen de lluvias histórico, conviven con la flora y la fauna del lugar. En un contexto de cambio climático, las variedades adaptadas durante siglos a temperaturas mediterráneas tienen más futuro que las importadas del norte de Europa.

Beber un Xarel·lo del Alt Penedès o una Garnatxa de Piera no es solo una decisión de gusto. Es también una forma de apoyar que esas cepas sigan aquí.

Si quieres saber con qué criterios elegimos a los productores, lee nuestra carta de criterios: qué exigimos a las bodegas y cómo lo comprobamos.


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