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Monastrell negra: la variedad prefiloxérica que sostiene el secano mediterráneo
La Monastrell negra es la columna vertebral del Mediterráneo vitícola peninsular. No es una variedad rara ni recuperada: es una variedad antigua que sobrevivió a la filoxera porque el mercado la necesitaba y porque crece donde pocas viñas aguantan. Entenderla significa entender el secano de Alicante, Murcia y el sur valenciano antes y después de 1878.
Origen y primera documentación: del Morvedre hacia Europa
Los historiadores del vino coinciden en un origen español de la Monastrell, aunque el punto exacto no puede determinarse. La hipótesis más repetida —no probada documentalmente— sitúa su introducción en Sagunto, el antiguo Morvedre, por parte de los fenicios en torno al 500 a. C. Lo que sí es sólido es el rastro toponímico: el nombre francés Mourvèdre deriva de Murviedro (Morvedre en valenciano, hoy Sagunto) y el nombre Mataró, aún vivo en Australia y Estados Unidos, viene de Mataró, en el litoral catalán.
Dos nombres internacionales construidos sobre dos topónimos de la costa española: la variedad viajaba desde aquí, no hacia aquí. La Monastrell se establece en el Rosellón en el siglo XVI y desde allí se difunde hacia el este, a la Provenza y al Ródano, donde hoy es la base de Bandol. El cultivo es, por tanto, de siglos y posiblemente anterior al siglo XVI, ligado a la franja mediterránea que va de Jumilla al Rosellón, con presencia en el norte de África, Cerdeña y Baleares.
Sinonimia: un mapa dialectal
La lista de sinónimos es un documento en sí misma: Garrut y Garruts en Cataluña, Alcayata y Gayata, Mandó, Molverde, Morastell, Monastrel, Del Reyno. Hay que andar con cuidado con la Morrastel, que según la fuente designa Graciano o Monastrell: una homonimia que ha enredado los registros agrarios del siglo XIX.
El Fondillón como prueba escrita
La documentación prefiloxérica más elocuente no es ampelográfica, es comercial y literaria. El Fondillón —vino de Alicante elaborado exclusivamente con Monastrell sobremadurada en la cepa, con un mínimo de diez años de madera y graduación alta alcanzada de forma natural, sin encabezar— estuvo presente en las mesas de las élites europeas hasta el siglo XIX. El duque de Saint-Simon dejó escrito en el Journal de la maladie du Roi que Luis XIV pidió bizcochos mojados en vino de Alicante en su lecho de muerte. Hay alusiones en Shakespeare, Daniel Defoe, Emilio Salgari, Dostoyevski y Azorín; el conde de Montecristo de Alejandro Dumas bebe Fondillón. Hoy sigue siendo el vino emblemático de los Moros y Cristianos de Villena.
Cómo sobrevivió a la crisis filoxérica
La filoxera entra en la península por Málaga (1878) y el Ampurdán (1879), y el litoral levantino cae ya entrado el siglo XX. La Monastrell no desapareció por tres motivos concretos.
Primero, la demanda: tras la plaga, Francia necesitaba vino de color y graduación, y la Monastrell del sur valenciano y de Murcia llenó ese hueco. Se replantó injertada sobre pies americanos a gran escala, manteniendo el material vegetal local.
Segundo, el aislamiento y el suelo. Los secanos interiores de altura —Alto y Medio Vinalopó, Villena, Yecla, Jumilla, los Alforines— combinan suelos calizos pobres y arenas donde el insecto avanza con dificultad. En Jumilla la plaga llegó con un retraso extraordinario (las fuentes locales citan 1989), lo que explica la persistencia de parcelas a pie franco en suelos arenosos.
Tercero, la selección masal. El material antiguo de Monastrell no es clonal: cada viña vieja conserva una población heterogénea seleccionada por generaciones de viticultores según su comportamiento frente a la sequía y el pedrisco. Esa diversidad es la que hoy se reivindica.
La contracción, sin embargo, no se ha detenido: de 105.968 hectáreas en 1990 se ha pasado a unas 39.924, aun manteniéndose como la sexta variedad española en superficie. El arranque de secano y la reconversión a variedades internacionales han hecho más daño que la filoxera.
Ampelografía y comportamiento en campo
La Monastrell es reconocible en campo sin necesidad de análisis. El porte de los sarmientos es muy erguido —no necesita espaldera para sostenerse, lo que explica el dominio histórico del vaso en el secano— y el brote joven es muy algodonoso, con pigmentación rojiza débil y hoja joven de color bronceado.
- Hoja adulta: grande, relativamente coriácea, pentagonal y pentalobulada, con seno peciolar abierto en «U» y senos laterales cerrados; envés algodonoso.
- Racimo: tamaño medio, compacidad alta, forma cónica con un ala; pedúnculo duro.
- Baya: pequeña, elíptica ancha, epidermis azul-negra con mucha pruina, piel dura, pulpa blanda de color amarillo-verdoso y sin color.
- Ciclo: brotación y maduración tardías; exige calor acumulado y ciclo largo.
- Rusticidad: resistencia a la sequía muy elevada; de ahí su dominio del secano mediterráneo sin riego.
- Rendimiento: muy bajo en viña vieja; en pagos como el Estrecho de Pipa (Villena) se habla de 300 gramos de uva por cepa.
El quebradero de cabeza actual es el alcohol. La investigación aplicada trabaja dos vías: el despuntado tardío de sarmientos tras el envero, a la altura de la cuarta o quinta hoja por encima de los racimos, que mejora el estado hídrico de la cepa; y la doble vendimia, que según los trabajos de Martínez-Moreno y colaboradores (2022) permite vinos de Monastrell con menor graduación e igual o mejor puntuación.
Territorios y productores
El grueso del cultivo está en Jumilla —donde supera el 80% de la superficie—, Yecla, Bullas, Alicante, Valencia, Baleares y Cataluña (como Garrut). En Francia, Bandol, Provenza, sur del Ródano y Rosellón; fuera de Europa, como Mataro en Australia Meridional, California y Washington. En Alicante, el Vinalopó es el laboratorio: allí llegó en 2009 el proyecto de Bruno Prats con Stéphane Point para seleccionar viñas muy específicas de Monastrell, y allí Enrique Mendoza elabora El Estrecho desde un único pago de viña vieja.
En el catálogo de Terroir Radical la Monastrell es una de las variedades más trabajadas por nuestros productores, siempre en clave natural y de viña vieja:
- Manu Sanmiguel, monovarietal de Monastrell.
- Spiral de Vi, con Monastrell junto a Merseguera, Macabeo y Malvasía.
- Filloxera & Cia, que combina Monastrell con Garnacha tintorera, Arco y Moscatel romano.
- Tren de Vida Wines, con Monastrell, Bobal y Royal.
- Luca Bernasconi, con Monastrell, Garnacha y Malvasía riojana.
El mismo marco de variedades históricas lo trabajan Can Leandro (Arcos, Bonicaire, Forcalla blanca) y Cos a Cos (Giró, Garnacha blanca, Malvasía): piezas del mismo rompecabezas ampelográfico valenciano.
Perfil organoléptico, guarda y maridaje
Bien trabajada, la Monastrell da vinos de capa alta y tono rubí intenso, con nariz de fruta negra —mora, ciruela—, especias, hierba mediterránea (tomillo, romero), aceituna negra y tierra mojada. En boca es carnosa, de acidez media, taninos firmes y abundantes, graduación alta y final largo. Con los años aparecen el cuero, el tabaco y el balsámico; el potencial de guarda es real, y el Fondillón, con sus diez años mínimos de madera, es su prueba extrema.
En vinificación natural, sin madera nueva y con maceraciones moderadas, la variedad muestra una cara menos musculosa: fruta fresca, sabor salino y amargor final de pepita que le da nervio. La clave está en vendimiar antes de que el grado se escape.
En la mesa funciona con la cocina que le es propia: arroz al horno, olla de pueblo, embutido curado, cordero y cabrito asados, caza de pelo, guisos especiados y quesos de pasta dura. El Fondillón pide almendra marcona, turrón de Jijona o quesos azules. Los rosados de Monastrell, a menudo olvidados, aguantan arroces de marisco y frituras con una autoridad que pocos rosados tienen.