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Planta Fina de Pedralba: la variedad prefiloxérica valenciana que sobrevivió haciendo pasas

La Planta Fina de Pedralba es una de las pruebas más claras de lo delgada que es la línea entre patrimonio y extinción en el País Valenciano. Una variedad blanca documentada desde principios del siglo XVII, presente antes de la filoxera en buena parte del centro valenciano, y que hoy sobrevive esencialmente en dos pueblos: Pedralba (Valencia) y Almedíjar (Castellón). Nada de generalidades: hablamos de hectáreas contadas y de dos únicas accesiones registradas en el banco de germoplasma de la Conselleria de Agricultura.

Origen y primera documentación: cuatro siglos en el Turia

La Planta Fina aparece documentada en el País Valenciano desde 1609, bajo los nombres locales de Faraná o Farrana. Esa grafía no es un detalle menor: conecta la variedad con toda una familia de nombres mediterráneos —Farana en Argelia, Damaschino en Sicilia, Mayorquin o Espagnol en el Languedoc, Boal de Alicante y Alicante Branco en Portugal, Kanaän en Sudáfrica— que las bases de datos ampelográficas internacionales tratan como sinónimos de un mismo genotipo. Más de ochenta nombres para una sola vid.

La cuestión está abierta y conviene decirlo sin trampas. La Conselleria de Agricultura mantiene la Planta Fina como variedad valenciana con entrada propia, mientras fuentes como wein.plus la consideran sinónima del Damaschino siciliano. Los trabajos de Gisbert, Jiménez y García publicados en Vitis (2019 y 2020) sobre identificación molecular de cepas prefiloxéricas valencianas son la vía para cerrar este tipo de discusiones, y el Diccionari dels noms de ceps i raïms de Xavier Favà i Agud (Institut d’Estudis Catalans, premio Joan Coromines 1999) sigue siendo la referencia en nomenclatura. Hasta que no haya verificación SSR caso por caso, lo prudente es hablar de «grupo Faraná» y no de certezas.

Administrativamente la variedad existe: la Orden APA/1819/2007, que actualiza el anexo V del Real Decreto 1472/2000 sobre potencial de producción vitícola, la clasifica como variedad recomendada en la Comunidad Valenciana. Figura también en el Real Decreto 32/2023 con el nombre oficial «Planta Fina de Pedralba, B.» y está autorizada en la DO Valencia, en la IGP Castelló y en el pago de El Terrerazo.

Cómo sobrevivió a la filoxera: dos pueblos y las pasas

La Planta Fina era una variedad corriente antes de que la filoxera arrasara el viñedo español durante la década de 1870. Tras la reconstrucción sobre pie americano, la selección de material de vivero fue por otro camino: productividad estandarizada y variedades de comercialización fácil. La Planta Fina no entró en ese circuito. Quedó reducida al aislamiento de dos núcleos rurales, donde aguantó por una razón nada romántica: servía para hacer pasas de consumo doméstico.

El doble uso que la salvó

La baya de Planta Fina es extremadamente dulce y de piel muy fina. Esa combinación la hace ideal para secar: la pasa resultante tiene piel delgada, pocas pepitas y un dulzor intenso. Los racimos que llegaban en buen estado sanitario iban al secadero; los de aspecto imperfecto se vinificaban. Ni pasas ni vino se vendían apenas: se consumían a escala familiar. Esa economía de autoconsumo es exactamente el motivo por el que la variedad no desapareció del todo cuando el mercado dejó de pedirla.

Pedralba y Almedíjar

Los dos supervivientes tienen nombre propio. En Pedralba, en el valle medio del Turia, la variedad se conoce como Planta Fina de Pedralba y es la que ha dado nombre oficial al registro. En Almedíjar, dentro del Parque Natural de la Sierra de Espadán y hacia los 450 metros de altitud, se la llama Planta Fina de Almedíjar. Slow Food incorporó la variedad al Arca del Gusto precisamente por esta situación: dos municipios, pocas hectáreas, riesgo real de pérdida.

Ampelografía y comportamiento en el campo

La planta es vigorosa y muy productiva, con buena resistencia a la sequía y un comportamiento sanitario notablemente sólido frente a plagas y enfermedades. Ese perfil rústico explica que aguantara en secano interior sin atenciones especiales durante décadas de abandono relativo.

  • Nombre oficial: Planta Fina de Pedralba, B. Sinónimos: Planta Angort, Planta Augort, Faraná, Farrana, Planta Fina de Almedíjar, Monstruosa.
  • Primera documentación escrita: 1609, País Valenciano.
  • Racimo: de tamaño medio a grande, suelto en las selecciones más viejas.
  • Baya: redonda, de tamaño medio, verde amarillenta que vira a dorado en madurez avanzada; piel muy fina.
  • Comportamiento: vigor alto, producción alta, resistente a la sequía y con buena tolerancia sanitaria.
  • Riesgo: su alta productividad es su enemigo. Sin control de carga, diluye.
  • Territorios actuales: Pedralba (Valencia) y Almedíjar (Castellón). Presencia residual en Francia y Sudáfrica bajo otros nombres.
  • Estatus: variedad recomendada en la Comunidad Valenciana; incluida en el Arca del Gusto de Slow Food.

Perfil organoléptico: ligereza aromática, no ligereza vacía

La Planta Fina se considera una variedad de calidad capaz de dar vinos ligeros pero marcadamente aromáticos. El patrón habitual: amarillo pálido brillante con reflejos verdosos, graduación media —rara vez exuberante—, nariz de manzana verde y toques florales blancos, boca directa, de paso limpio y acidez contenida.

Aquí es donde la bodega decide todo. Con rendimientos altos y vendimia anticipada, la Planta Fina da un blanco simpático y poco más. Con carga controlada, vendimias en punto e intervención mínima —fermentación con levaduras indígenas, poca o ninguna corrección— aparece otra cosa: textura, sensación glicérica derivada de ese dulzor natural de la baya y un fondo de fruta de hueso y hierba seca mediterránea. La piel fina obliga a manipular el racimo con cuidado: prensadas suaves, maceración escasa, temperaturas bajas en transporte.

El potencial de guarda es medio, entre tres y cinco años en los ejemplos más serios. No es una variedad para crianzas largas en madera nueva; sí responde bien al hormigón, al fuste viejo de gran formato y a la fermentación con pieles corta, que le aporta la estructura tánica que la variedad no tiene por sí sola.

Quién la trabaja hoy

La producción es testimonial y concentrada en microbodegas. En Pedralba, Viñedos y Bodega Monsata Perdigón (partida El Barranquillo) elabora la Planta Fina como varietal —su Pedralba Plantafina es una de las pocas referencias monovarietales existentes— y también la incorpora en coupage. En Almedíjar, Bodega Alcovi, en plena Sierra de Espadán y con viñedo en ecológico, la trabaja en su blanco junto a Castellana y Sauvignon Blanc, precisamente porque no hay suficiente cepa de Planta Fina para un monovarietal: hablamos de tiradas en torno a 1.200 botellas.

Que la variedad esté autorizada en la DO Valencia y figure en la lista de blancas admitidas —junto a merseguera, macabeo, tortosí, planta nova o verdil— no se ha traducido en volumen. La recuperación real está en manos de viticultores de mínima intervención que replantan a partir de selección masal de cepas viejas, no de material de vivero certificado: sencillamente, no lo hay en cantidad.

Maridaje

La combinación de aromática floral, cuerpo medio y acidez moderada la sitúa en el terreno del recetario valenciano de pescado y arroz. Funciona con arròs a banda, all i pebre de anguila, sepionet a la plancha, esgarrat de bacalao y pimiento asado. Los ejemplos con paso corto por pieles aguantan fideuà de marisco y quesos de cabra tiernos de la propia Sierra de Espadán. Con las pasas de la variedad el círculo se cierra: pastelería seca, almendra marcona, queso curado.

La Planta Fina de Pedralba no es una variedad espectacular. Es una variedad útil, honesta y a un paso de desaparecer. Con dos accesiones registradas y dos bodegas trabajándola, cada plantación nueva cuenta literalmente.

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