Blog
Forcallat tinta: la variedad prefiloxérica del sureste que el clima ha rehabilitado
La forcallat tinta —forcallà en el habla de la Vall d’Albaida y el Alto Vinalopó— es uno de los casos más claros de variedad prefiloxérica que pasó de abundante a residual. Despreciada durante un siglo por dar vinos pálidos y de poco grado, hoy es justo el tipo de uva que la viticultura del sureste peninsular necesita: ciclo largo, resistencia a la sequía y tintos ligeros de 12-13 grados.
Origen: una uva «horcada» del sureste peninsular
El nombre procede del valenciano forcat, horcado. La lectura más sólida apunta al racimo, que suele presentar un ala o un hombro muy marcado que lo bifurca, y no al comportamiento de la cepa, como había sugerido Xavier Favà i Agud en su Diccionari dels noms de ceps i raïms. L’ampelonímia catalana (Institut d’Estudis Catalans, 2001), obra de referencia para la documentación histórica de la nomenclatura vitícola.
La zona de cultivo tradicional dibuja un triángulo preciso: sureste de Castilla-La Mancha, Comunidad Valenciana y Murcia. Antes de la filoxera era una uva extendida en las tres regiones; las sinonimias recogidas en las bases ampelográficas internacionales —Forcalla Negra, Forcalla Prieta, Planta Forcaya, Verdal, Verdalejo— demuestran hasta qué punto estaba implantada y hasta qué punto su gestión era local.
Lo que dice el ADN: hija de Hebén
Los trabajos con marcadores moleculares publicados en 2018 sitúan a la forcallat tinta como resultado de un cruce natural entre Hebén y un progenitor desconocido. No es un detalle menor. Hebén es una variedad de flor femenina, por lo que en todos los cruces actuó necesariamente como madre, y constituye el nodo genético que explica buena parte del patrimonio varietal ibérico: airén, cayetana blanca, viura, xarel·lo y pedro ximénez descienden de ella y suman más de 300.000 hectáreas en España.
Cómo sobrevivió a la filoxera y al siglo XX
La variedad sufrió dos crisis encadenadas. Primero, la filoxera arrasó el viñedo peninsular a finales del XIX y comienzos del XX. Después, en la replantación sobre pie americano, se impuso un criterio de productividad y color que dejó fuera a las castas consideradas poco rentables. La forcallat reunía todos los argumentos para la lista negra: ciclo muy largo, maduración tardía, alta sensibilidad al mildiu y a la botritis, y menos color y menos grado alcohólico que la monastrell o el tempranillo.
Sobrevivió por tres vías. Los suelos arenosos, hostiles a la filoxera, que permitieron conservar cepas a pie franco: la parcela de La Forcallà de Antonia, de Rafael Cambra, es viña de medio siglo plantada a pie franco sobre suelo arenoso en el extremo occidental de Fontanars dels Alforins, a 700 metros. La marginalidad de la frontera Villena–Caudete–Almansa, donde viejas parcelas mixtas conservaron cepas sueltas. Y, paradójicamente, la confusión de nombres: los trabajos recientes de identificación han hallado muestras recogidas como ‘Arcos’ que eran forcallat, y a la inversa.
Las cifras marcan la caída: en 2016 se declaraban unas 535 hectáreas en España, una quinta parte de las de 2000, con tendencia todavía descendente.
El paraguas legal y la investigación
La DOP Alicante actualizó su pliego de condiciones por Resolución de 4 de agosto de 2021 de la Conselleria de Agricultura, reordenando las variedades en tres bloques —históricas, principales y secundarias— e incorporando al primer grupo la forcallat, junto a valencí, tortosí, bonicaire, miguel del arco, mandó y trepat; pueden emplear la mención «Alicante Singular». En Murcia figura entre las variedades autorizadas en el marco del RD 1338/2018.
En paralelo, la DOP Alicante y la Universitat Politècnica de València mantienen un proyecto cofinanciado con fondos FEDER que ha recogido más de 300 muestras de material vegetal en viñedos antiguos de la Marina Alta, l’Alcoià-Comtat y el Alto Vinalopó (Vall de Benejama), identificando variedades prefiloxéricas como botó de gall, forcallat, rojal, planta mula, valencí blanc, valencí negre o verdil.
Ampelografía: cómo reconocerla en el campo
Empieza por un racimo que no se parece al de ninguna de las castas dominantes en la comarca.
- Racimo: muy grande, ramificado, unos bifurcados y otros con hombros muy marcados. Poco compacto. Pedúnculo largo y sin lignificar o con lignificación corta.
- Baya: de tamaño medio, redondeada, piel gruesa, con rodete grande y pedicelos cortos y gruesos. Lenticelas y cicatriz estilar muy marcadas.
- Color: verde intenso antes del envero, que pasa a rojo violeta oscuro pero poco homogéneo: el envero irregular es un rasgo de identidad.
- Cepa: vigorosa, de porte vertical, muy ramificada y, en consecuencia, muy productiva si no se le limita la carga.
- Sanidad: sensible al mildiu y a la botritis, bastante tolerante al oídio, poco sensible a los ácaros. Buena resistencia a la sequía y a las temperaturas altas.
- Mosto: poca intensidad colorante, acidez baja y bajo contenido en azúcar. Mostos ligeros, con aroma herbáceo.
La clave agronómica es la maduración muy tardía. Con vendimias cada vez más tempranas, ese defecto histórico se ha convertido en ventaja: ciclos largos, recolección de otoño y graduaciones moderadas sin correcciones.
Perfil organoléptico, bodegas y mesa
Los vinos de forcallat tinta rompen la expectativa del tinto mediterráneo. La capa es baja, la fruta es roja y cítrica más que negra y confitada, y el conjunto tiende a la ligereza. Los descriptores recurrentes combinan frutos rojos, flores blancas, un toque cítrico, notas herbáceas frescas e incluso frutos secos, con cereza silvestre y pomelo. Las maceraciones largas le aportan un carácter singular que no todo el mundo lee bien a la primera.
Un matiz técnico: las fichas clásicas describen mostos de acidez baja, pero en viñas viejas de secano estricto, a 700 metros y con rendimientos limitados, los vinos se perciben tensos. La frescura procede tanto del grado moderado y la baja extracción tánica como de la acidez total. Es vino de beber joven y de media guarda —tres a seis años en buenas añadas—, no de larga crianza.
Quién la elabora hoy
Rafael Cambra (Fontanars dels Alforins, Valencia) es la referencia. La bodega nació en 2001 en Ontinyent y en 2008 se trasladó a Fontanars, el segundo pueblo más alto de la provincia. Desde 2011 recupera la forcallà con dos vinos: La Forcallà de Antonia y CasaBosca. Trabaja 42 hectáreas en ecológico y secano estricto, con las autóctonas conducidas en vaso.
Bodega La Encina (Villena, Alicante), de José María Espí, cultiva unas 50 hectáreas propias entre Alicante y Albacete, en ecológico certificado desde 2000 y con prácticas biodinámicas desde 2012. Fermenta en cubetas de 100 a 300 litros y ha elaborado un Forcallat sin aditivos ni madera, además de un blanc de noirs.
Bodegas Casa Corredor (Caudete, Albacete) ha construido el proyecto Alagú en torno a la variedad, con un tinto y un rosado 100% forcallat procedentes de la Finca La Lagunilla, en el paraje de Villena. La enóloga Laura Ramos ha liderado el rescate; la crianza se realiza en barricas situadas a diez metros de profundidad, excavadas en la roca.
Maridaje
Servida entre 13 y 15 °C, funciona como tinto ligero de gastronomía: arroz al horno, arroz con judías y nabos, fideuà, embutidos blancos valencianos, escalivada y quesos de cabra tiernos. El rosado y el blanc de noirs encajan con esgarraet, mojama y salazones de la Marina. Con platos de tomate y pimentón sale mejor parada que la mayoría de monastrells de la misma comarca.