Es importante recordar que a comienzos del siglo XVII, el paisaje valenciano se teñía de variedades de uva, blancas y tintas. Los viñedos cubrían las colinas de la Vall d'Albaida, mientras las tierras próximas al mar aún no conocían las extensiones de naranjos que hoy definen la imagen de la región. La citricultura tal como la conocemos no se desarrolló hasta finales del siglo XIX y principios del XX (1880-1920). Antes de eso, Valencia era tierra de vino.

Conocida como "Al-Baida" por los árabes —"La Blanca" por el color de sus tierras calizas—, la Vall d'Albaida esconde uno de los secretos mejor guardados de la viticultura valenciana. Durante siglos, especialmente entre los siglos XVIII y XIX (1700-1850), esta comarca del sur de Valencia estaba literalmente plagada de vides. Ontinyent, Xàtiva, Albaida, Bocairent y las 34 poblaciones que conforman este valle histórico fueron testigos de una época dorada donde cada ladera, cada bancal, cada rincón aprovechable se dedicaba al cultivo de la vid, mientras que las futuras tierras de cítricos permanecían dedicadas a otros cultivos mediterráneos tradicionales.

Según las investigaciones históricas, la llegada de la filoxera a finales del siglo XIX y principios del XX (1880-1912) cambió para siempre el mapa agrícola valenciano. Mientras la plaga arrasaba con los viñedos europeos, paradójicamente comenzaba la explosión citrícola en las tierras costeras. La Vall d'Albaida, que antes de esa tragedia era un mar de viñedos, vio cómo las mismas tierras que antaño se extendían tapizadas de vides se transformaban en campos de olivos, almendros y cereal. Esta zona vitivinícola, con su gran diversidad de paisajes, bosques mediterráneos, altas montañas, valles fluviales y tierras de cultivo, había proporcionado durante siglos las condiciones perfectas para una viticultura próspera.

La recuperación vitivinícola comenzó a principios del siglo XX (1900-1920), justo cuando las tierras costeras empezaban a ser conocidas mundialmente por sus cítricos en lugar de por sus vinos. La Vall d'Albaida, gracias a su buen clima y terreno de regadío, reunía las condiciones necesarias para este renacimiento vínico. En 1905, don Modesto Cambra Revert, ante la demanda de replantación de viñedo en todo el territorio nacional afectado por la filoxera, transformó su negocio familiar dedicado al vivero de árboles frutales por el de la multiplicación de plantas de vides americanas. Los nombres de aquellos parajes resuenan como ecos de una época perdida: "El Hort dels Descals, Alquería de la Sabata, Santa Clotilde, Pla de Missena, Finca Bonavista, El Llombo, L'Almaig..." —topónimos que guardan la memoria de un paisaje vitivinícola que antaño fue el sustento de miles de familias, antes de que los cítricos se convirtieran en el símbolo económico de la región.

Hoy, en el siglo XXI, mientras los cultivos de cítricos dominan la imagen turística y comercial, el triángulo formado por las poblaciones de Fontanars dels Alforins, la Font de la Figuera y Moixent conforma un paisaje privilegiado donde desde tiempos inmemoriales se ha cultivado la viña y producido el vino. La llamada "Toscana valenciana" es un valle enclavado entre las sierras de Agullent y Grossa, con unas condiciones climáticas inmejorables para el cultivo de la vitis vinífera. Los vinos elaborados con variedades locales como las tintas Forcallat, Mandó, Bonicaire y Arcos o las blancas Verdil, Macabeo o Malvasía, han recibido desde los años 2000 las mejores puntuaciones de Robert Parker y The Wine Advocate. Lo que una vez fue el corazón vitivinícola, vuelve a latir con fuerza, reclamando su lugar histórico.

La verdadera riqueza de este territorio no está solo en sus monumentos y lugares de interés patrimonial de localidades como Bocairent, Ontinyent, Benissoda y Albaida, sino en la sabiduría vitivinícola que se transmitió de generación en generación hasta que la expansión de la naranja y las modas del siglo XX la relegaron al olvido. Recuperar esa educación perdida, esas variedades autóctonas, esos métodos tradicionales que hicieron grande al vino valenciano antes de que los cítricos conquistaran el mundo, es más que nostalgia: es una revolución silenciosa.

Esa es la verdadera educación del vino en Valencia: aprender del ayer para construir el mañana, y recordar que la región fue tierra de vino antes que de naranjas.

¿Sabías que Valencia fue conocida antes por sus extensos viñedos y sus vinos que por sus naranjas?